miércoles, 19 de febrero de 2014

Émile Zola "El Paraiso de las Damas"

Son las diez de la mañana, el sol de febrero se cuela débilmente a través de las cortinas. En una mano sostengo una taza de café caliente, en la otra "El Paraíso de las Damas" de Émile Zola. Es uno de esos escasos momentos del día en los que no existe nada más que la historia que estás leyendo y el café caliente. Lentamente, la taza de café se va desvaneciendo y la historia deja de ser una historia para atraparte en sus brazos. Entonces ya no distingues las palabras, los párrafos, ni siquiera eres consciente de las páginas. Sobrevuelas por encima de los personajes, a vista de pájaro, como el señor Scrooge la víspera de Navidad. Te sientes parte de la narración, conoces a todos los personajes y, sin embargo, no puedes tocarlos, hablarles... pero la avidez no te permite descansar. Página 459, apenas 200 páginas más y el paraíso llegará a su fin. Estoy totalmente atrapada.
París, 1883, se publica "Au Bonheur des Dames.  Traducida al español como "El Paraíso de las Damas" forma parte de "Les Rougon-Macquart", una serie de veinte novelas que describen la vida parisina de finales del siglo XIX. En esta ocasión, el nacimiento de los grandes almacenes y su influencia en la sociedad burguesa de la época. 
A través de sus páginas, se puede sentir el olor de las telas apiladas en los mostradores, el tacto de las sedas y dejarse llevar por la perfecta  maquinaria de Octave Mouret. 



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